La literatura como lugar común
Por Michelle Roche Rodríguez
@michiroche
Juan Carlos Méndez Guédez, cuando algún interesado le pregunta, dice que el experimento más exitoso de la literatura venezolana en los últimos tiempos es la cooperativa editorial Lugar Común.
El autor venezolano residenciado en Madrid, que es referencia de la literatura nacional contemporánea fuera de sus fronteras, reeditó con este sello su novela El libro de Esther, que se convirtió en la primera publicación de esta organización cuyo nombre alude al temor mas grande de un escritor: el cliché. La novela se convirtió instantáneamente en un éxito –asunto insólito para un libro que salga 10 años después de su primera edición–. La misma historia se repitió con el resto de los textos que han salido por este sello.
El segundo fue la colección de cuentos Las guerras íntimas, de Roberto Martínez Bachrich, la misma que le ganó un lugar entre los 25 Secretos Mejor Guardados de América Latina en la más reciente edición de la Feria del Libro de Guadalajara, en México.
Así que la editorial impone como cliché el triunfo.
Lugar Común nació de lo que uno de sus editores, Garcilaso Pumar, llama "una sensación de agobio en el país y, especialmente, con el mundo editorial". Era la madrugada de una fiesta caraqueña donde la caña y los tequeños habían puesto la rumba, y Pumar se puso a conversar con los amigos que quedaban sobre la situación política y financiera de Venezuela, antes de ponderar las posibilidades de emigrar. Pero ninguno quería irse. Luis Yslas y Rodrigo Blanco Calderón estaban en el grupo y los tres son hoy los responsables de la cooperativa que está revolucionando el mundo editorial venezolano. Ha pasado casi un lustro desde entonces.
"Hay una situación de recesión muy fuerte en el mundo editorial, pero que para nosotros no estaba vinculado únicamente con lo económico. En las grandes editoriales hay una forma de pensar y de entender el negocio del libro que termina dejando de lado al autor, que es profundamente maltratado, y también al lector, por la pobre calidad de los textos que se le ofrecen, la mala factura de la publicación y los altos precios que le cobran", apunta Blanco Calderón, que ha publicado Una larga fila de hombres (Monte Ávila Editores Latinoamericana) y Los invencibles (Random House), antes de cambiarse a una editorial independiente con Las rayas (Puntocero).
Yslas, por su parte, señala que el objeto de la cooperativa era tan simple como hacer libros de calidad en un momento donde, dominado por las editoriales trasnacionales, los libros dejaban mucho que desear y no podían representar la literatura nacional fuera de las fronteras: "Presentíamos que había un vacío ético, además de estético, en el panorama de las publicaciones venezolanas y tratamos de llenarlo. Libros que salgan con errores ortográficos son un insulto al lector y al autor".
Como cooperativa, esta editorial independiente está inscrita en una figura legal que se conoce como "ejercicio económico solidario" y su objeto es mejorar las relaciones entre escritores y editoriales. Parte de esto también es que los tres editores asuman sus funciones como iguales entre ellos, además de con todos los proveedores. Que sus libros estén entre los más baratos de las librerías nacionales es un valor extra que resulta de un trabajo profesional por apasionados de la literatura nacional.
El sello, en menos de un año de vida, logró lo que otros con mucho tiempo en las librerías venezolanas hubieran deseado: convertir el éxito y la lectura en clichés.
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